El turismo no necesita más promoción. Necesita gestión.

El 20 de abril de 2026, un hombre abrió fuego en la Pirámide de la Luna de Teotihuacán. Una turista canadiense murió. Trece personas resultaron heridas, entre ellas seis estadounidenses, dos colombianos —uno de ellos un niño de seis años— y ciudadanos de Rusia, Países Bajos y Brasil. El agresor logró ingresar al sitio con armamento, y las autoridades todavía investigan cómo fue posible en uno de los destinos con mayor afluencia turística del país.
No es un hecho aislado. Es el síntoma de un modelo roto.
La Zona Arqueológica de Teotihuacán es la segunda más visitada de México. En 2025 recibió 1 millón 785 mil personas, y en lo que va de 2026 ya acumuló 445 mil visitantes. Un flujo colosal para un sitio que, según el mismo reporte, carece de custodios suficientes. Nadie controló al agresor en la entrada. Nadie lo detuvo. El turismo llegó, pero la gestión no.
Y no es solo el tiroteo.
Hace exactamente tres años, el 1 de abril de 2023, una familia perdió la vida cuando el globo aerostático en el que viajaba se incendió en pleno vuelo sobre Teotihuacán. José Edgar Nolasco, de 50 años, y su esposa Viridiana Becerril, de 39, murieron; su hija Regina, de 13 años, saltó del globo y resultó gravemente herida. La investigación posterior reveló que el globo no tenía matrícula mexicana, registro aeronáutico ni autorización de la AFAC para volar en México, y que la envolvente del aparato tenía reparaciones fuera del manual de fabricación. Peor aún: en el momento del accidente, la AFAC no contaba con regulación específica para globos aerostáticos ni realizaba vigilancia periódica a los operadores en zonas turísticas.
La propia Federación de Globos Aerostáticos de Teotihuacán había denunciado la situación antes del accidente. Nadie respondió.
Lo que siguió fue una cadena de reacciones reactivas, no preventivas. En enero de 2025, turistas extranjeros resultaron lesionados tras un aterrizaje forzoso en Teotihuacán. En abril de 2025, otro globo chocó contra un árbol. En mayo de 2025, un globo de la empresa Sky Balloons cayó en San Martín de las Pirámides con 14 personas a bordo. Recién entonces las autoridades actuaron: se clausuraron nueve establecimientos entre los municipios de San Juan Teotihuacán y San Martín de las Pirámides por carecer de dictámenes de Protección Civil y presentar omisiones en protocolos de seguridad. En abril de 2026, se suspendieron tres empresas más por irregularidades detectadas durante inspecciones.
Nueve empresas clausuradas. Tres más suspendidas. Dos muertos. Docenas de heridos. Y el destino sigue operando al mismo ritmo, con el mismo modelo.
Esto es lo que pasa cuando se gestiona el turismo con el acelerador siempre al fondo y sin volante.
El mundo turístico está viviendo su propia paradoja. En 2025 se alcanzaron 1.520 millones de llegadas internacionales, un récord absoluto, con ingresos de 2,1 billones de dólares. Pero ese mismo año, el fenómeno más significativo fue la institucionalización de la resistencia al overtourism. Las protestas en Barcelona, Venecia y San Sebastián, la gentrificación en Latinoamérica y la saturación de infraestructuras en Japón evidencian que el modelo expansivo del "turismo para todos" choca frontalmente con la capacidad territorial, social y ambiental de los destinos.
El overtourism no es solo un problema de cifras altas, sino de desequilibrio: ocurre cuando el crecimiento del turismo impacta negativamente la calidad de vida de los residentes y la convivencia en los destinos.
La pregunta no es cuántos turistas más pueden llegar a Teotihuacán. La pregunta es cuántos pueden llegar de forma segura, con quién los recibe, bajo qué estándares, con qué infraestructura de control y con qué tipo de prestadores turísticos operando.
El tiroteo de hoy ocurrió porque no había respuesta clara para ninguna de esas preguntas.
Promocionar más un destino sin resolver su capacidad de carga, su seguridad y la calidad de sus prestadores de servicios no es desarrollo turístico. Es ruleta rusa con turistas.
Los destinos que están ganando la partida —los que generan ingresos sostenibles, cuidan su patrimonio y mantienen la confianza del visitante— no son los que más gritan en ferias internacionales. Son los que controlan quién entra, cómo entra, quién los atiende y qué experiencia reciben.
La gestión territorial del turismo no es burocracia. Es la diferencia entre un destino que crece y uno que colapsa.
Teotihuacán lleva años dándonos las señales. Hoy, con una turista muerta en la Pirámide de la Luna, ya no hay forma de ignorarlas.
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